
Hace algunas horas me contaron que nuestra querida tía Catita nos había dejado. Personalmente lo lamento muchisimo porque compartí muy buenos momentos con ella y el tío Lucho. Aunque han pasado más de 20 años, recuerdo con especial cariño su pancito amasado, su mantequilla casera, o la leche asada que le quedaba tan rica y que era una de sus tantas formas de decir te quiero. Afortunadamente tengo muchos recuerdos que hoy me acercan a ella aun estando tan lejos, para mi será inolvidable su charquicán de cochayuyo con el que siempre espero a mi papá al llegar a visitarla y que me comía con pocas ganas hasta que ella lo adornaba con un huevito frito.
Mi hermana me contó que hace mas menos una semana ella fue a verla al hospital y que la tía le contaba con mucha gracia cuando una mañana de febrero me caí a un canal de regadío mientras todos estaban tomando desayuno y el susto que los había hecho pasar por segunda vez, porque en menos de 10 años de vida esa era la segunda oportunidad en que me perdía en Villa Alegre.
Para nuestros papás y sus primos, nuestros tíos, la tía Catita es mucho mas valiosa de lo que pudo haber llegado a ser para cualquiera de nosotros, compartieron tantos veranos, penas y alegrías que sin duda su partida es una perdida más que irreparable. Para mis tíos, tías, y por supuesto para mi papá, les envío mis condolencias, un abrazo y un beso. Quedará en la memoria de todos ellos el maravilloso momento que pasaron en la celebración de sus 99 años, donde sus espectaculares ojos claros seguían reflejando su espiritu siempre joven, lúcido y sereno con el que hoy la sigo recordando.


